Hipersensibilidad sonora
El silencio no existe sino en el vacío. Cualquier sonidista sabe que para construir la sensación de silencio hay que poner audio. Algún ladrido a lo lejos, vientito, motor de la heladera. El silencio de verdad, el del vacío, no lo vamos a escuchar hasta que nos metamos en el vacío, donde no hay aire. Donde hay vida hay aire, hay sonido. Sólo escucharíamos el silencio antes de morir.
Hace poco vi “8 cuentos sobre mi hipoacusia” de Charo Mato. Un documental, adivinen sobre qué. Las chicas hipoacúsicas que Charo entrevista hablan sobre cómo es “su silencio”. Claro, ellas escuchan gracias al audífono. Si no, no pueden. En ellas el silencio en vida es efectivamente posible. Para el resto, los no-hipoacúsicos, es una fantasía.
En 2016 me diagnosticaron hipersensibilidad sonora. Había ido a hacerme una audiometría porque la música fuerte me molestaba más que al resto de la gente, los portazos me sobresaltaban y cuando alguien arrastraba una silla sentía que me iba a quedar sorda. No escucho más que el resto, sólo tengo un umbral de molestia más bajo que el común de la gente. Es mi anti-superpoder.
A mi mamá le pasa lo mismo que a mí, y cuando fuimos a ver el documental de Charo Mato nos quedamos fantaseando con tener el silencio de los hipoacúsicos. Con tener la capacidad de no escuchar nada por un rato. Nada de nada de nada.
Para otros la fantasía del silencio en vida es una pesadilla. Se habla de los silencios incómodos, la gente pone música mientras cena con alguien para que no se note cuando la conversación decae. Supongo que piensan que la falta de palabras equivale al silencio, y como dije, el silencio sólo existe en la muerte.
¿Y a quién le gusta pensar en la muerte?
Entonces llenamos el espacio con palabras, con música, con ruidos fuertes. Llenamos y llenamos porque pensamos que llenando el vacío deja de estar ahí. Pero no. El vacío nos espera. Y yo espero al vacío. Mis oídos lo esperan con ansias cuando salgo a comer, cuando voy a un cumpleaños, cuando voy al supermercado. Espero y fantaseo con ser hipoacúsica.
Pero los audífonos no funcionan del todo bien, no reemplazan al oído natural. Entonces ser hipoacúsica implicaría también dejar de escuchar todo lo lindo que se escucha. Me imagino una vida sin escuchar a los Beatles, sin escuchar la risa de mis seres queridos, sin escuchar nada. Y esa no es una vida que yo quiera vivir.
Mejor que el silencio quede en una fantasía, que total ya va a llegar. A todos nos llega.

