Tie your Shoelaces
Parte fundamental del trabajo de las teachers es detectar cordones desatados, frenar al individuo que los porta y decirle “tie your shoelaces1”. Es nuestra tarea más autoritaria y militar. La respuesta del otro lado nunca puede ser otra que atarse los cordones o extenderte la zapatilla para que se los ates. Y dependiendo la edad del alumno, una ata o no esos cordones.
Yo aprendí a atarme los cordones bastante tarde en mi escolaridad. Me costaba mucho entender eso de que el conejito y la oreja y que pasa por un lado y después por el otro. Creo que aprendí a atarme los cordones promediando 5to grado. No sé a qué edad se aprende en general, pero la mayoría de mis alumnos de 4to saben, y muchos de 3ro también.
Un día un amigo me contó que a él también le había costado mucho aprender. Me dijo que quizás nos costaba porque somos zurdos. Me contó que en su escuela, una vez que aprendió, las maestras lo mandaban a él a enseñarles a los niños zurdos cómo atarse los cordones. Me acordé de que a mí finalmente también me terminó enseñando una teacher zurda.
A principio de este año, uno de mis alumnos –llamémoslo Lucas– me extendió su zapatilla después de escuchar “Lucas, tie your shoelaces”. Le pregunté si no sabía atarse los cordones, porque a veces simplemente se ponen en modo vagancia. Me dijo que no entendía bien, que le costaba. Le mostré cómo hacerlo con sus cordones. Yo le ataba una zapatilla, él tenía que hacer lo mismo que hacía yo con la otra. No hubo caso. Le pregunté que me mostrara con qué mano escribía. Era diestro.
Todas las semanas se repetía la misma escena. Lucas no sabía atarse los cordones y yo no sabía cómo enseñarle, entonces terminaba atándoselos yo y diciéndole que le pida a su mamá que le muestre en casa como hacer. Hasta que un día me iluminé.
“Lucas, tie your shoelaces.” Lucas me extendió su zapatilla y yo lo hice a un lado. Me desaté mis cordones y me agaché al lado suyo. Él también se agachó. “A ver, hacé como yo.” Y mientras yo me ataba los cordones en cámara lenta, Lucas podía ver exactamente cómo hacer para atarse sus cordones. Lucas necesitaba ver cómo se hacía desde su propio punto de vista, de alguien que ve la zapatilla desde arriba y no desde la punta de los pies. Ese día Lucas aprendió a atarse los cordones y yo aprendí a enseñar cómo se atan los cordones.
Yo pensaba que era tonta por no saber atarme los cordones, y creo que Lucas pensaba algo parecido porque le daba mucha vergüenza no saber. Ni Lucas ni yo éramos tontos, sólo nos hacía falta que alguien se acomodara a nuestro punto de vista y nos mostrara desde ahí adentro cómo resolver la situación.
N de la T (de Teacher, no de Traductora): Atate los cordones.

